
SOBRE NEGLIGENCIA MÉDICA
Y OTRAS NEGLIGENCIAS
Alberto González Cáceres
Abogado, Presidente de la Sociedad Peruana de Derecho Médico
Las noticias de los últimos días sobre diversos
casos de supuesta negligencia médica, no solo en
la capital, sino también en varias partes del interior
del país,
no han permitido calmar las aguas de la conmoción
provocada, conmoción justa
por cierto, hace semanas atrás por los informes de
contagio del virus del VIH a
ocho personas (una mujer y siete niños).
Infelizmente en la mayoría de los últimos
casos los resultados han sido trágicos:
en Tacna, la muerte de una niña de nacionalidad chilena
durante atención odontológica, en Huancayo,
la muerte de un niño por aparente sustitución
terapéutica de un medicamento, en Cuzco, la muerte
de una joven por cirugía estética de liposucción;
en Lima, en Breña, la muerte de un joven por cirugía
rehabilitadora al brazo, en San Borja, la muerte de una
mujer, también por cirugía estética
de liposucción y finalmente en Ate, la muerte de
un joven atendido por intrusión de un técnico
sanitario.
Aparentemente todos los casos responden a una causa común:
la negligencia médica; sin embargo, es necesario
atender con prudencia cada caso y circunstancia en particular;
sobre todo quienes somos profanos en las ciencias médico-sanitarias,
pues no se puede adelantar juicio con el afán de
encontrar responsables, a pesar del justo dolor de los perjudicados
y de sus familiares, por distintas e importantes razones.
No todos los casos obedecen a la responsabilidad de los
profesionales médicos (el cuidado de la salud es
compartido y también están comprometidos otros
profesionales médicos y sanitarios: odontólogos,
tecnólogos médicos, químico farmacéuticos,
enfermeros, etc.); no existe una política estatal
de control de la proliferación de la práctica
ilegal de las profesiones de la salud (el esfuerzo desplegado
por los distintos Colegios Profesionales de la Salud por
erradicar el empirismo no es acompañado debidamente
por nuestra legislación ni por el ministerio del
sector ni por el Ministerio Público); no encontramos
un interés especial por controlar las condiciones
sanitarias idóneas de los establecimientos de atención
de la salud (especialmente los consultorios particulares
que hoy por hoy abundan sin ningún tipo de control.
Ni el Ministerio de Salud ni las municipalidades consiguen
controlar boticas, farmacias, consultorios médicos,
odontológicos, naturistas, etc.); es alarmante la
cantidad de establecimientos que publicitan servicios de
salud estética donde se realizan actos médicos,
odontológicos y de análoga índole que
es atendida por personas de escasa o nula preparación;
existe una sobre oferta de profesionales y técnicos
sanitarios fomentada por el descontrol del ministerio de
educación y de las instituciones encargadas en otorgar
las autorizaciones para su formación (a pesar del
gran esfuerzo que realizan determinadas instituciones por
evitar la negligencia proveniente de la deficiente formación
académica como la Comisión para la Acreditación
de Facultades o Escuelas de Medicina o el programa de Recertificación
del Colegio Médico del Perú); no se vislumbran
posibilidades de democratizar la gestión del sector
salud entregando determinadas direcciones a los profesionales
cuya competencia profesional le corresponde por su propia
naturaleza (como es el caso de entregar la Dirección
General de Medicamentos y Drogas a un químico farmacéutico);
existe una fuerte presión por parte de cierto sector
de la "sociedad civil" en imponer determinados
derechos sobre otros de naturaleza más básica
o primaria como es el derecho a la vida o no morir por atención
sanitaria.
Así mismo, por otro lado, la "negligencia médica"
además es acrecentada por negligencia de la misma
población; cuando precariza la formación y
capacitación profesional de los profesionales médico
sanitarios al elegir al "técnico naturista"
en vez del profesional nutricionista o del médico
homeópata o nutricionista, al "técnico
protesista" en vez del odontólogo de prótesis
dental o máximo facial; al "especialista en
peeling, lifting y otros similares, en vez del cirujano
plástico, del médico dermatólogo, o
similar.
Al no verificar si es que se encuentran debidamente habilitados
en sus respectivos colegios profesionales, al no verificar
la especialización para aquellos casos complejos
o de especial atención; al no denunciar el "ejercicio
profesional" de aquellos empíricos que "trabajan"
frente a la oficina o la casa; cuando descuida la continuidad
del tratamiento prescrito por el profesional; cuando se
automedica o solicita al dependiente de la farmacia que
le expenda un medicamento para determinado problema de la
salud. Estamos seguros que lo anterior no es un problema
de economía sino de educación.
Finalmente, si es que de negligencia médica pretendemos
hablar, tratemos de enfocar el asunto con responsabilidad,
de manera objetiva, plural y democrática, donde participen
todos los involucrados: médicos, odontólogos
enfermeros, otros profesionales de la salud, pacientes,
asociaciones de pacientes, congresistas, autoridades del
sector salud, sociólogos, abogados, etc. con la finalidad
de encontrar en nuestro país el camino que nos haga
posible un futuro diligente.
Enero del 2005.
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